Sobredosis de azúcar

Sobres de azúcar

Echémosle imaginación: Sitúate en una cafetería. Estás compartiendo un rato agradable con un amigo. Un camarero os trae, en bandeja redonda, dos cafés; al contrario que en otros locales, no os dan opción a sacarina, ni siquiera a azúcar morena o blanca, en terrón o en sobre. Delante de ti hay un plato, una taza y un paquete alargado de edulcorante ¿Qué haces? lo meneas, lo mueves y mareas; incluso lo golpeas contra la mesa o el plato. Ya está: listo. Lo abres por uno de sus vértices y descargas su dulce interior en el café.

Sin saberlo, con ese pequeño y desapercibido gesto, has matado a un hombre.

O eso dicen…

Son muchos los que aseguran, con mayor o menor grado de convencimiento y, todo sea dicho, con fuentes poco fidedignas como «el amigo de un amigo», que el inventor de este curioso envoltorio de azúcar se suicidó ¿El motivo? ver que los usuarios del mismo lo utilizaban de manera errónea, como tú.

Su idea consistía en crear un embalaje lo suficientemente alargado y blando que permitiese partirlo por la mitad con facilidad. Sin embargo, para el resto del mundo, no dejaba de ser un sobre como cualquier otro, quizá más alargado, pero igual de intuitivo.

Leyenda o no, estoy segura de que esta anécdota os hará pensároslo dos veces ¡a la hora de endulzar vuestras bebidas!

Fuentes

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