La verdad y nada más que la verdad ¡por mis testículos!

Testificar

El origen de la palabra «testificar» viene, lo creas o no, de la acción de «tocarse los testículos». Se cuenta que los romanos (siendo solo los varones los capacitados legalmente para atestiguar en un juicio) solían apretarse los testículos con la mano derecha como símbolo de juramento de la verdad.

Existen, sin embargo, otras teorías acerca de la procedencia de esta palabra. Una de ellas dirá que, cuando un papa salía elegido, un cardenal debía tocarle los testículos para comprobar que, efectivamente, se trataba de un hombre. Otra aseguraría que eran todos los cardenales y no solo uno los que debían realizar tal constatación. Para la ocasión, se creó una silla con un orificio en el centro por el que el recién nombrado pontífice debía dejar sus testículos al descubierto. La razón de esta práctica tiene su origen en una leyenda que gira en torno a la papisa Juana, una mujer que, durante los años 855 y 857 se hizo pasar por hombre y fue nombrada papa.

Una explicación etimológica de la palabra diría que «testificar» viene del latín testificare, que es una unión de las palabras testis ‘testigo’ y facere ‘hacer’. Por otro lado, «testículo» viene de testis, ‘testigo’ y el sufijo culus, que se utilizaba como diminutivo; así, una traducción de «testículo» sería ‘testigo pequeño’.

Fuentes

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