¿Por qué damos calabazas?

Calabazas

¿Alguna vez te han dado calabazas? ¡No hay nada de qué avergonzarse! Tanto si es sí o no, lo más seguro es que no sea esta la primera vez que escuchas dicha expresión. Desde pequeños aprendemos a relacionar, inadvertidamente, dar calabazas con ‘rechazar a alguien que propone una relación amorosa a una persona que no le corresponde’. Me pregunto qué tendrán que ver las calabazas con en el amor y desde cuándo la raza humana ha hecho uso de esta expresión.

He averiguado que, en la antigua Grecia, existía la firme creencia de que la calabaza tenía propiedades antiafrodisíacas. Por lo tanto, ofrecer calabazas a alguien era una clara invitación a desechar cualquier posibilidad de emprender un escarceo amoroso con esa persona.

En la Edad Media, el clero recomendaba utilizar las pepitas de calabaza para fabricar rosarios con los que rezar en la iglesia, eliminando así pensamientos lascivos e impuros. Algunos apuntan que incluso llegaban a masticar estas pepitas, pues pensaban que les ayudaría a cumplir con el voto de castidad.

La expresión siguió tomando forma en la época de Cervantes pero con un nuevo sentido: ‘No conceder a alguien lo que se le pide’. Más tarde empezaría a utilizarse en el campo relacionado con el noviazgo. Hay quieres creen, por ejemplo, que, en algunas zonas rurales de Cataluña, cuando un pretendiente iba a visitar a los padres de su amada, si le ofrecían fuego para fumar después de comer significaba que era bienvenido en la familia, si por el contrario le servían un plato de calabaza en la comida, le daban a entender que no era bien recibido y se tenía que marchar.

Fuentes

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