Bonita, callada estás más guapa

Bush

Imagino la presión con la que los políticos deben convivir diariamente, sobre todo, cuando han de enfrentarse a situaciones que pueden comprometerles, como por ejemplo, las visitas oficiales. Los periodistas, las cámaras, los micrófonos… nada ni nadie deja escapar ni una sola palabra. ¿Te imaginas cómo será entonces esa presión en las mujeres de los políticos?

Barbara Bush escribió en sus memorias una graciosa anécdota. En el año 1982 tuvo que acompañar a su marido, el por aquel entonces vicepresidente de EE.UU. George Bush, a Japón. Cuenta que, a pesar de una larga y exhaustiva preparación del viaje, vivió uno de los momentos más embarazosos de su vida.

Durante la comida, se dirigió al emperador Hirohito y se deshizo en halagos sobre el Palacio Imperial. El emperador, algo complacido, le contestó un sencillo «gracias». Según la que más tarde sería primera dama, era un hombre parco en palabras que sólo regalaba, de vez en cuando, monosílabos: un «sí» o un «no». Para que la conversación fuera más fluida, Mrs. Bush le preguntó si el Palacio Imperial era una construcción reciente. Hirohito afirmó y Bárbara, decidida a intercambiar unas palabras con él, le preguntó por qué se habían deshecho del anterior. El emperador, de una manera encantadora, aunque regia, espetó: «Me temo que el anterior lo bombardearon ustedes.»

Fuentes

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